Bajo el título de ‘The AI Environmental Footprint: Between hidden costs and green opportunities’, Victoria Frois, de la Universidad de York, repasa la paradoja de la IA en las ciudades: si bien es clave para la acción climática, su infraestructura conlleva un alto coste energético y material. En su artículo subraya la necesidad de una «IA Sostenible» que incorpore métricas ambientales en su diseño. Advierte sobre el «coste oculto» de la IA, donde el beneficio se obtiene en una región mientras que el daño por la extracción de recursos y centros de datos recae en el Sur Global. Se concluye que la IA debe integrarse en marcos éticos (UNESCO) y modelos como la «IA frugal» francesa para garantizar que sirva a la autonomía estratégica y la justicia ambiental.


